miércoles, 2 de julio de 2008

Peligro de gol


Como no saben inglés, los estudiantes franceses tienen poca idea de lo que ocurre en EE.UU. Hay plata y trabajo para todos. La cultura y las ideas de la izquierda frustraron las utopías. Al menos, eso parecía.

Días antes de mayo, los flics reprimieron una marcha solidaria con Rudy Dutschke, dirigente estudiantil alemán baleado por un jóven nazi. Los estudiantes
volvieron a protestar por esa violencia, porque en la facultad de Nanterre están muy apretados y porque los profesores dan cátedra en vez de enseñar.

Cuando Daniel Cohn-Bendit, su líder, francés hijo de alemanes refugiados, fue expulsado del país, se encendió la revuelta antisemita.



Nanterre y la Sorbona suspendieron las clases. Los estudiantes ocuparon los edificios universitarios. Los flics volvieron a internvenir. Entre adoquines y gases
lacrimogenos, ardió París. Todos los días hubo cientos de heridos y arrestados. Los sindicatos convocaron a un paro general. Miles de personas ocuparon la Sorbona. El ministro Pompidou orendó reabrir las universidades. Nadie asistió a clases.

La imaginación al poder.

“Ustedes no se imaginan la cantidad de tonterías que me enseñaron cuando era estudiante. Lo importante es lo que hagan con su imaginación”, dijo Jean Paul Sastre a los estudiantes rebelados.

Seamos realistas, pidamos lo imposible.

Los graffitis fueron pensados para buscar la liberación total de todas las organizaciones jerárquicas.

De todos modos, la amnistía para los arrestados no alcanzó para calmar los ánimos. Renunció el ministro de Educación, el gobierno de De Gaulle (al borde del
colapso) cerró el Congreso y anticipó elecciones parlamentarias. Subió el salario mínimo, se redujo el horario aboral, etcétera.

Aunque saben que para la gran mayoría seguirán predominando los valores del mundo burgués, el plebiscito lo confirma al asignarle más bancas a la derecha, la manera tradicional de pensar y vivir ya se había quebrado.

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